Introducción

Los Balcanes siempre han sido un crisol de culturas en uno de los lugares más conflictivos en la historia. Pero en 1918 había sido creado un concepto regional de nación, el posteriormente conocido como ‘Reino de los Eslavos del Sur’, una formación política que aglutinaba a distintas comunidades étnicas de la región. El contexto de una Europa bajo el totalitarismo acabó con el proyecto. En la posguerra, una personalidad comunista balcánica se encargó de levantar un nuevo estado yugoslavo. El régimen de Josip Broz Tito buscó, para beneficio del Estado socialista, disipar las identidades de las distintas naciones componentes de Yugoslavia.

Como los resultados de esta política no sucedieron como los comunistas esperaban, se procedió a otras estrategias. Para mantener el equilibro étnico en el estado socialista de Tito, se crearon seis repúblicas en base a los límites nacionales: Serbia, Croacia, Montenegro, Eslovenia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina. Pero aún así existían importantes minorías étnicas en casi todas las repúblicas; sobre todo, había albaneses en la provincia serbia de Kosovo, además de croatas en Herzegovina y serbios en Bosnia y Croacia, a quienes se les denominaba bosniocroatas, serbobosnios y serbocroatas respectivamente.

Desde luego, cada nación yugoslava seguía teniendo su historia particular y sus propias tradiciones, en definitiva, su identidad. En cuanto a patrones lingüísticos no existía gran diferencia entre aquellas naciones, aunque cada una tenía su acento particular y sus tendencias selectivas de vocabulario. La excepción a la regla la constituían los eslovenos, que sí hablaban una lengua distinta. Pero la gran diferencia desde el punto de vista nacional la constituía la religión: los croatas y los eslovenos eran católicos; los serbios, macedonios y montenegrinos eran cristianos ortodoxos, y los bosnios y kosovares de confesión musulmana.

La abdicación de los regímenes comunistas en Europa del Este llevó consigo la posibilidad de que brotara la rabia acumulada en más de cuarenta años de autoritarismo. En los años ochenta la Liga Comunista Yugoslava, el monopolio socialista que había sido liderado por Tito, se hundió en una suerte de disidencias y deslealtades basadas en viejos prejuicios y rivalidades étnicas, lo que alimentó las aspiraciones populares nacionalistas y que palparon bien ciertos políticos ansiosos de mantener su prestigio. Los mensajes nacionalistas encontraron un espacio en la opinión pública, y los pasivos pero latentes sentimientos nacionales despertaron como un volcán en erupción.

~ por laguerradeyugoslavia en Agosto 31, 2007.

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